Causa y Naturaleza de la Clarividencia Sonambúlica Explicación del Fenómeno de la Lucidez

Siendo las percepciones que tienen lugar en estado sonambúlico de otra
naturaleza que las del estado de vigilia, no pueden ser transmitidas por los mismos
órganos. Es constante que en tal estado, la visión no se detecta por los ojos, que
por otra parte y generalmente están cerrados, y que hasta pueden ponerse al
abrigo de los rayos luminosos, de modo que se aleje toda sospecha. La visión a
distancia y a través de los cuerpos opacos excluye además el uso posible de los
órganos ordinarios de la visión. Preciso es, necesariamente, admitir en el estado de
sonambulismo el desarrollo de un nuevo sentido, origen de las facultades y
percepciones nuevas que nos son desconocidas, y de las que sólo por analogía y
raciocinio podemos darnos cuenta. Como se concibe, nada hay de imposible en
esto; pero, ¿dónde reside ese sentido? He aquí lo que no es fácil determinar con
exactitud. Ni siquiera los mismos sonámbulos dan sobre la particular indicación
alguna precisa. Los hay que para ver mejor se aplican los objetos al epigastrio,
otros los llevan a la frente, otros al occipucio. Parece, pues, que ese sentido no
esta circunscrito a un lugar determinado, y, sin embargo, es cierto que su mayor
actividad reside en los centros nerviosos. Lo positivo es que el sonámbulo ve. ¿Por
donde y cómo? Ni él mismo puede decirlo.
Observemos, empero, que, en estado sonambúlico, los fenómenos de la
visión y las sensaciones que la acompañan son esencialmente diferentes de los
que tienen lugar en estado ordinario, y así no nos serviremos de la palabra ver,
más que por comparación y a falta de un término, que, para designar una cosa
desconocida, no poseemos. Un pueblo de ciegos de nacimiento no tendría palabra
para expresar la idea de la luz, y referiría las sensaciones que hace experimentar a
alguna de las que comprende, por estar sometido a ellas.
Se procuraba explicar a un ciego la impresión viva y brillante de la luz sobre
los ojos, a lo que contestó: Ya comprendo; viene a ser como el sonido de la
trompeta. Otro, algo mas prosaico sin duda, a quien quería darse a comprender la
emisión de los rayos en haces o conos luminosos, respondió: jAh!… como .un pilón
de azúcar. Respecto de la lucidez sonambúlica, nosotros estamos en las mismas
condiciones; somos verdaderos ciegos, y, como éstos por lo que a la luz toca,
comparamos aquella a lo que tiene mas analogía con nuestra facultad visual; pero,
si queremos establecer una analogía absoluta entre las dos facultades, y Juzgar la
una por la otra, nos engañamos necesariamente como los dos ciegos que
acabamos de citar. Y este es el error de casi todos los que, según dicen, procuran
convencerse por medio de experimentos: quieren someter la clarividencia
sonambúlica a las mismas pruebas que la vista ordinaria, sin pensar en que no hay
mas relación entre ellas que el nombre que les damos; y como no siempre
responden los resultados a sus esperanzas, encuentran que es mas sencillo la
negación.
Si procedemos por analogía, fuerza nos es decir que, el fluido magnético,
diseminado en toda la naturaleza y cuyos principales focos parecen ser los
cuerpos animados, es el vehículo de la clarividencia sonambúlica, como el fluido

luminoso es el vehículo de las imágenes percibidas por nuestra facultad visual. Y
del mismo modo que el fluido luminoso hace transparentes los cuerpos que
libremente traviesa, penetrando el fluido magnético todos los cuerpos sin
excepción, no los hay opacos para los sonámbulos. Tal es la explicación más
sencilla y material de la lucidez, considerada desde nuestro punto de vista. La
creemos exacta, porque el fluido magnético desempeña incontestablemente un
papel importante en ese fenómeno; pero no basta a explicar todos los hechos. Otro
hay que los comprende todos, mas para cuya inteligencia son indispensables
algunas explicaciones preliminares.
En la visión a distancia, el sonámbulo no distingue un objeto lejano como
podríamos hacerlo nosotros valiéndonos de un anteojo. No es el objeto el que se
acerca a él por medio de una ilusión óptica; ÉL ES QUIÉN SE ACERCA AL OBJETO. Lo
ve como si precisamente estuviese a su lado; se ve como él mismo en el lugar que
observa; en una palabra, se transporta allí. En semejante momento, su cuerpo
parece anonadado, su palabra es más débil, el sonido de la voz tiene algo de
extraño; parece que se apaga en él la vida animal; la vida espiritual está por
completo en el lugar a donde la transporta el pensamiento; solo la materia se
encuentra en el mismo sitio. Hay, pues, una porción de nuestro ser que se separa
de nuestro cuerpo para transportarse instantáneamente a través del espacio,
conducida por el pensamiento y la voluntad. Esta porción es inmaterial
evidentemente, pues de no ser así, produciría algunos de los efectos de la materia,
y esta parte de nosotros mismos es lo que llamamos alma.
Si, es el alma la que da al sonámbulo las facultades maravillosas de que
goza; el alma que, en determinadas circunstancias se manifiesta aislándose en
parte y momentáneamente de su envoltura corporal. Para cualquiera que haya
observado atentamente los fenómenos del sonambulismo en toda su pureza, la
existencia del alma es un contrasentido demostrado hasta la evidencia. Así, pues,
puede decirse con cierta razón, que el magnetismo y el materialismo son
incompatibles. Si hay algunos magnetizadores que parecen separarse de esta
regla, y que profesan las doctrinas materialistas, es porque sin duda no han hecho
más que un muy superficial estudio de los fenómenos físicos del magnetismo, y
porque no han buscado seriamente la solución del problema de la visión a
distancia. Como quiera que sea, nunca hemos visto un solo sonámbulo que no
estuviese penetrado de un profundo sentimiento religioso, cualesquiera que
pudiesen ser sus opiniones en estado de vigilia.
Volvamos a la teoría de la lucidez. Siendo el alma el principio de las
facultades del sonámbulo, en ella reside por fuerza la clarividencia, y no en tal o
cual parte circunscrita de nuestro cuerpo. He aquí por que el sonámbulo no puede
designar el órgano de su facultad, como designaría el ojo para la visión exterior; ve
por toda su alma, pues la clarividencia es uno de los atributos de todas las partes
del alma, como la luz es uno de los atributos de todas las partes del fósforo. En
donde quiera que puede penetrar el alma, existe clarividencia; de aquí la lucidez de
los sonámbulos a través de todos los cuerpos, de las mas espesas envolturas y a
todas las distancias.
Una objeción se presenta naturalmente a este sistema, y debemos
apresurarnos a contestar a ella. Si las facultades sonambúlicas son las mismas del
alma separadas de la materia, ¿por que no son constantes? ¿Por que ciertas

luminoso es el vehículo de las imágenes percibidas por nuestra facultad visual. Y
del mismo modo que el fluido luminoso hace transparentes los cuerpos que
libremente traviesa, penetrando el fluido magnético todos los cuerpos sin
excepción, no los hay opacos para los sonámbulos. Tal es la explicación más
sencilla y material de la lucidez, considerada desde nuestro punto de vista. La
creemos exacta, porque el fluido magnético desempeña incontestablemente un
papel importante en ese fenómeno; pero no basta a explicar todos los hechos. Otro
hay que los comprende todos, mas para cuya inteligencia son indispensables
algunas explicaciones preliminares.
En la visión a distancia, el sonámbulo no distingue un objeto lejano como
podríamos hacerlo nosotros valiéndonos de un anteojo. No es el objeto el que se
acerca a él por medio de una ilusión óptica; ÉL ES QUIÉN SE ACERCA AL OBJETO. Lo
ve como si precisamente estuviese a su lado; se ve como él mismo en el lugar que
observa; en una palabra, se transporta allí. En semejante momento, su cuerpo
parece anonadado, su palabra es más débil, el sonido de la voz tiene algo de
extraño; parece que se apaga en él la vida animal; la vida espiritual está por
completo en el lugar a donde la transporta el pensamiento; solo la materia se
encuentra en el mismo sitio. Hay, pues, una porción de nuestro ser que se separa
de nuestro cuerpo para transportarse instantáneamente a través del espacio,
conducida por el pensamiento y la voluntad. Esta porción es inmaterial
evidentemente, pues de no ser así, produciría algunos de los efectos de la materia,
y esta parte de nosotros mismos es lo que llamamos alma.
Si, es el alma la que da al sonámbulo las facultades maravillosas de que
goza; el alma que, en determinadas circunstancias se manifiesta aislándose en
parte y momentáneamente de su envoltura corporal. Para cualquiera que haya
observado atentamente los fenómenos del sonambulismo en toda su pureza, la
existencia del alma es un contrasentido demostrado hasta la evidencia. Así, pues,
puede decirse con cierta razón, que el magnetismo y el materialismo son
incompatibles. Si hay algunos magnetizadores que parecen separarse de esta
regla, y que profesan las doctrinas materialistas, es porque sin duda no han hecho
más que un muy superficial estudio de los fenómenos físicos del magnetismo, y
porque no han buscado seriamente la solución del problema de la visión a
distancia. Como quiera que sea, nunca hemos visto un solo sonámbulo que no
estuviese penetrado de un profundo sentimiento religioso, cualesquiera que
pudiesen ser sus opiniones en estado de vigilia.
Volvamos a la teoría de la lucidez. Siendo el alma el principio de las
facultades del sonámbulo, en ella reside por fuerza la clarividencia, y no en tal o
cual parte circunscrita de nuestro cuerpo. He aquí por que el sonámbulo no puede
designar el órgano de su facultad, como designaría el ojo para la visión exterior; ve
por toda su alma, pues la clarividencia es uno de los atributos de todas las partes
del alma, como la luz es uno de los atributos de todas las partes del fósforo. En
donde quiera que puede penetrar el alma, existe clarividencia; de aquí la lucidez de
los sonámbulos a través de todos los cuerpos, de las mas espesas envolturas y a
todas las distancias.
Una objeción se presenta naturalmente a este sistema, y debemos
apresurarnos a contestar a ella. Si las facultades sonambúlicas son las mismas del
alma separadas de la materia, ¿por que no son constantes? ¿Por que ciertas

OBRAS
PÓSTUMAS
ALLAN KARDEC

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