Estoicismo: una filosofía de vida. Massimo Pigliucci, doctor en Filosofía

Consciencia de Vida (Proyecto “La Física de la Espiritualidad”: 29)

Consciencia de Vida (Proyecto “La Física de la Espiritualidad”: 29) Posted: 18 Jul 2021 10:40 PM PDT   Sí, es la vida, estúpido; como le diría alguien a una persona que no se entera de cuál es la moraleja de la historia, de la parábola. Los discípulos no solían enterarse de las parábolas de Jesús y luego Él, en privado tenía que explicárselas para que las entendieran. Pues esto es igual, la mística utiliza la máxima expresión poética de la que es capaz, para explicar los acontecimientos del espíritu, del alma. Pero al final, cualquier texto de espiritualidad es una burda aproximación a lo que realmente sucede en el hondón del ser de la persona, porque Dios es simplemente inefable. Es por eso por lo que difícilmente nadie, a fuerza de discursos puede aumentar en un codo su estatura. No sirve de nada pensar o meditar, ni siquiera trascendentalmente. Dios es inefable, no se le puede estudiar; no se pueden escribir sesudos tratados de teología. Sólo se le puede vivir. Porque ¡Dios es la vida, estúpido! A ver si te enteras. Dios es tu propia vida, cuando eres consciente de que siempre y, cuando digo siempre, es siempre, ha estado y está contigo, porque tú, yo, nosotros, todos nosotros, somos Dios, cuando dejamos de ser yo. Esta frase es de Al-Hallay, el cardador, el agitados de las conciencias, el maestro místico sufí del Siglo IX. “Yo soy Dios cuando dejo de ser yo” Este es el final de la peli, de la Historia de Marta y de María, porque la barca de marras, realmente no va a ir a ninguna parte, simplemente desaparecerá en medio del Océano del misterio. Si queréis, que se hunda y se ahoguen Marta y María, o que la barca quede varada en algún lejano lugar. Cumplió su misión, fin de la historia. Todas las explicaciones, todos los tratados, todas las tesis doctorales, son inútiles para explicar el proceso que concluye cuando Marta y María son una, cuando Marta y María son la amada en el Amado transformada, cuando las pobres marineras de la barca son devoradas, invadidas, tragadas, fusionadas, en medio del Océano del misterio; en realidad, cuando dejan de ser ellas, son transformadas, es transformada en el Océano, son, es el Océano. Esto es inefable; no se puede explicar, sólo se puede vivir. ¡Es la propia vida, estúpido! Tu propia vida. Perdona que te diga ¡estúpido! Porque ante esto, ante el Misterio, todos somos estúpidos. Y la barca puede ser abandonada y que descanse tranquila entre juncos en la ribera de cualquier extraño paraje. Con ese abandono de la barca, se materializa, además, el fin del supremacismo religioso, esa creencia de que mi barca, mi religión es mejor que las demás, que es la verdadera frente a las demás, que son falsas. Ya no puedes sentirte superior a nadie, porque tú ya no eres tú, así que todas las máscaras y atributos exteriores, están demás. La barca te ha servido para navegar, como el Camino te ha servido para dirigirte a Compostela sin perderte, ha sido tu fundamento, la pieza clave, el medio para evolucionar, tanto a nivel individual como comunitario, el vehículo que te ha llevado y te ha conducido hasta aquí, pero ya está, ya estás en casa, has llegado al final del viaje, así que puedes hacerle un digno entierro en alguna playa olvidada. La ola es el Mar Este es el título de un conocido y precioso libro de Willigis Jäger. Este hombre, monje alemán benedictino, es uno de los más grandes maestros espirituales de nuestra época, que representaba la convergencia de las tradiciones espirituales de Oriente y la mística de Occidente. Lo hizo tranquilamente, en serenidad y en compañía de los que lo amaron. Para muchos de nosotros, su experiencia y su enseñanza ha supuesto una gran revelación y ayuda para renovar nuestra espiritualidad. Murió el 20 de marzo de 2020. Cuando la ola destaca de entre las demás, puede creerse que ella tiene entidad propia al margen de las otras olas y del Océano que la contiene, pero la ola no es ni más ni menos que un destello fugaz que tan rápido crece como desvanece. Y es ese proceso de desvanecimiento el que ha de hacerte comprender que tú, yo y cualquier ser humano no es otra cosa que un infinitésimo del Océano que cree venirse arriba porque el viento la empuja y se cree que tiene vida propia separada del resto de la existencia. Pero cuando desvanece, en ese proceso de abandono a la Providencia oceánica es cuando comprende que ella misma no es otra cosa que el propio mar. Pero para ello, finalmente ha de dejar de ser ella, para volver a ser Mar, que es lo que ha sido siempre. Y cuando desdeviene, descansa y entra en paz. Quizás en una siguiente reencarnación volverá a ser otra ola que de la misma forma dejará de ser. Siempre eres Dios, aunque circunstancialmente tus encarnaciones te hacen venirte arriba y creerte una ola. De alguna forma, nosotros, incluso desde el punto de vista biológico, formamos parte del Océano de donde surgió la vida. La célula es un conjunto de estructuras, básicamente formadas por proteínas y membranas plasmáticas lípidos-proteicas que conforman orgánulos que “nadan” en medio del agua orgánica que constituye tanto el líquido intracelular como el medio interno extracelular. Es decir, ese 70% de agua que conforma nuestro organismo biológico, es agua oceánica de algún modo. No es un símil, un “es como si…”. No, nuestro organismo físico literalmente “nada” en agua oceánica; nuestra ola particular que resulta en lo que vemos al mirarnos ante el espejo, es simple y puramente mar con algunas cosas (materia orgánica) flotando en él. El mar que llevamos dentro, en el que nadan nuestras células es la más pura y mística expresión de la vida a la que todos pertenecemos. Por eso, Willigis Jäger no pudo expresar mejor nuestra íntima relación con Dios que la misma que existe entre la ola y el mar. No sé si él cayó en la cuenta de esta biológica peculiaridad, pero es así. Los seres vivos celulares y pluricelulares son todos oceánicos, porque es el océano el que nos ha dado la vida. Las virtudes de mis defectos Las tradiciones religiosas nos inculcan la maldad del pecado, y cuando a los católicos nos toca confesarnos o en el comienzo de la misa, nos toca reconocernos miserables pecadores que por nuestra culpa, por nuestras grandísimas culpas, hemos sido capaces de pecar y de cometer actos horribles de pensamiento, obra y omisión. Una vez haber reconocido que somos unos miserables, pedimos perdón y etc., etc. ¿Y si “pecar” forma parte de la evolución? ¿y si el pecado forma parte del devenir de la existencia y nuestra vida no tiene otro sentido que evolucionar desde una naturaleza imperfecta a una espiritualidad perfecta? ¿Y si el nacimiento natural de la consciencia que nos permite ser conscientes de nosotros mismos no es sino el principio necesario para alcanzar esa plenitud consciente de que somos realmente parte indivisible del todo? ¿Y si el pecado no es otra cosa que las imperfecciones, las debilidades, los errores inherentes a la consciencia natural que nace así, imperfecta y, el sentido último de la vida es el proceso de reconocimiento de nuestra propia divinidad? Por eso, el sentido de la vida, de nuestra vida es la Vida misma, que la vida (en minúscula, la nuestra, nuestro pequeño yo) forma parte indivisible de la Vida (en mayúscula, la Divinidad). Es así como la Naturaleza sale de su realidad física hasta alcanzar su plena realidad espiritual; que la ola nace para ser consciente de que es, primero ola, para alcanzar la consciencia de que es Océano. Así que el pecado, lejos de ser una amenaza, es realmente una oportunidad para darte cuenta de que eres imperfecto, que cometes errores, que eres débil y, ser consciente de tus errores y de tus debilidades te abre, querido amigo, la puerta a proyectar tu vector vital hacia tu propio nuevo amanecer. Creo sinceramente que el pecado, despreciado por las religiones, es en el fondo una bendición, de nuevo un oxímoron. En mis años de estudiante de medicina, cuando mi interior ardía fascinado por mis primeras lecturas de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa, leí un librito que se titulaba “Las virtudes de mis defectos”. Fue la primera vez que pude comprender el sentido profundo de reconocerte pecador. Y no es el hecho de reconocerte culpable de delitos inconfesables merecedores de la pena eterna, como te hacen creer, sino el reconocerte que te queda mucho camino, toda una vida por evolucionar. Es como los alcohólicos, que no pueden comenzar su desintoxicación hasta que no reconocen que lo son. Reconocer los pecados tiene la gran virtud de reconocerte imperfecto, pero con una inmensa capacidad de crecer y de evolucionar. Es lo mismo que la persona que habla y se comporta cargadita de razón, plenamente consciente de que ella está en posesión de la verdad. Pues la ha “cagado”, porque si así va por la vida, creyéndose la máxima autoridad de los temas, nada tiene que aprender y se quedará en un injustificado subidón de autoestima y narcisismo, que le anclará en las profundidades de la ignorancia. Reconocer la verdad del error, creer en un sueño imposible, el de imaginar un mundo perfecto dentro de un mundo con apariencia casi demoníaca como el que nos ha tocado vivir o, el que en cada época de la Historia nos ha tocado vivir es de nuevo, dar el último giro de tuerca al Plan de Dios en nuestra vida. Moradas séptimas Cuando vamos al cine o al teatro y vemos una película o una obra o un concierto de música clásica, todos ellos espectáculos sublimes, te transportan a un clímax dramático que casi te dejan en éxtasis. Siempre me acordaré cuando asistí al concierto en el que escuché por primera vez la Sinfonía Manfredo de Tchaicovsky. https://www.youtube.com/watch?v=Dp_zFiFg7OA Ese final con esos acordes de órgano que, hasta donde yo sé, fue la primera vez que se empleó este instrumento en una sinfonía (luego Saint Saens escribió su tercera sinfonía para órgano), no sé vosotros, pero a mí me transportaron al séptimo cielo. Es decir, la vivencia de un libro de mística o de poesía o de una obra bellamente escrita y representada, te transportan a un personal idilio con la belleza, pero cuando la representación termina y cesan los aplausos del público, queda simplemente la vida cotidiana. Pues esto es igual, cuando en el capítulo anterior introduje ese ¡corten! o ese “The end”, como final de la peli que os he contado como la “Historia de Marta y de María”, como forma de representar la aventura de la mente y el alma en la búsqueda de la Esencia, uno se queda con un fugaz éxtasis al que se añade esa pregunta sobre qué ha sido de ellas, de Marta y de María. No hay otra respuesta que la de que en el Océano ellas se transformaron en el agua del Mar, que es en realidad en lo que fueron siempre, pero ellas no lo sabían, porque prevalecía la apariencia orgánica que vemos al mirarnos ante el espejo, sobre la esencia que es ese mar que nos inunda por dentro, en el que flotan todas y cada una de nuestras células. Es la misma sensación de Pedro, Santiago y Juan cuando Jesús les dice. Venga, bajemos del monte, que tenemos mucho curro por delante. Se desvanece la magia del relato místico y queda la vida cotidiana, la de todos los días, a la que te enfrentas cada día que sales de casa a trabajar, con los embotellamientos de tráfico, con el metro atestado de gente, con el jefe que siempre te putea, con las noticias que dan cuenta de una nueva metedura de pata del Gobierno. Es por eso por lo que cuando uno lee las moradas séptimas del Castillo Interior de Santa Teresa, creyendo que el alma quedará en un eterno éxtasis como pintan los autores barrocos, y lee que al final del camino lo que queda es la simple vida cotidiana, la de todos los días, uno como que se desilusiona, pues se da cuenta de que lo que ha leído ha sido una simple novela, una historia de amor, muy bonita, tanto como que hasta has derramado alguna lágrima de emoción, para que todo termine como empezó, en la misma vida cotidiana del comienzo. Es lo que tiene fiarse de los pintores como Sebastiano Conça, autor del cuadro, o de Murillo o Velázquez. Es quedarse en una apariencia imaginaria que sólo sirve para enfervorizar a los doctrinos o a la gente de buen corazón, pero que no refleja la realidad del alma que ha llegado a esas cumbres de la vida espiritual. Lo otro sí, lo que la propia Teresa afirma, “que Marta y María han de vivir y trabajar juntas”. Que todo consiste en que Marta y María reconozcan que esa dualidad entrambas es pura fantasía y que ambas son una con Dios. Es por tanto que tanto Marta como María se den cuenta de que ¡es la vida, estúpidas! Que no sois dos sino una y que no sois una separada de Dios, sino Dios mismo que es vuestra misma esencia, como el Mar es la esencia de la ola o como el Mar es la esencia de los seres vivos y que todos los seres vivos formamos parte de un único Mar Universal. Bueno, esto último, dicho con mucho cuidado porque lo más seguro es que los curas y los teólogos se revuelvan contra mí y quienes afirmen esto, que esto le sonará a panteísmo, esa doctrina y creencia según la cual todo cuanto existe participa de la naturaleza divina porque dios es inmanente al mundo. Para la teología y doctrina católica, me malicio que el panteísmo es considerado herético. Lo que sí se es que esta visión de la “ola es el Mar”, no nace de la fe católica sino del concepto de Tao oriental. De hecho Jäger, se fue a Oriente a buscar las raíces de la mística en la filosofía oriental y, cuenta él que, al conversar con un lama sobre estas cosas, el lama le dijo algo así como “¿Para qué vienes aquí a buscar lo que tenéis allí, perfectamente descrito en vuestra mística cristiana?”. Y es verdad, concluye, el cristianismo se asienta en las mismas bases que la mística oriental y en la sufí, porque la mística es universal, donde todo es Uno. Esa es la diferencia entre concluir el Camino de Santiago en Compostela, en el Pórtico de la Gloria, donde se sigue manteniendo el muro que separa a las religiones mutuamente excluyentes por sus respectivas doctrinas y terminarlo en Finisterre haciendo el ejercicio mental y espiritual de embarcar en la aventura mística del Océano, donde las barreras religiosas simplemente desaparecen y resultan constructos que sirven para lo que sirven, para iniciar la andadura desde la realidad de cada cual, sea de la religión que sea y viva donde vida, pero que decididamente no son en ningún caso el final del Camino. Así que las moradas séptimas que, desde una perspectiva mística es la fusión de Marta y María en una sola entidad y de esta en Dios, deviene en una visión y experiencia de la vida absolutamente diferente a la que uno tendría cuando comenzó en Roncesvalles (o en Nurenberg o Sydney) donde viviera su vida cotidiana. Tras la experiencia mística del Océano de Dios, el alma y la mente vuelve al origen, a Roncesvalles o Nurenberg o Sydney, pero ya nada será igual y lo describe muy bien San Juan de la Cruz. En la interior bodega de mi amado bebí, y cuando salía, por toda aquesta vega, ya cosa no sabía y el ganado perdí que antes seguía. Allí me dio su pecho, allí me enseñó ciencia muy sabrosa, y yo le di de hecho a mí, sin dejar cosa; allí le prometí de ser su esposa. Mi alma se ha empleado, y todo mi caudal, en su servicio; ya no guardo ganado, ni ya tengo otro oficio, que ya sólo en amar es mi ejercicio. Que ya sólo en amar es mi ejercicio. Quedaos con esta última frase, porque lo que sigue va de esto… Que ya sólo en amar es mi ejercicio. ==================================================== Autor: José Alfonso Delgado Nota: La publicación de las diferentes entregas de La Física de la Espiritualidad se realiza en este blog, todos los lunes desde el 4 de enero de 2021. =================================el cielo en la tierra===================    

Para pensar

https://www.heraldo.es/noticias/nacional/2021/07/25/el-suicidio-se-convierte-en-la-primera-causa-de-muerte-entre-los-jovenes-1508739.html?utm_source=whatsapp.com&utm_medium=socialshare&utm_campaign=mobile_app

El corazón necesita vitaminas A, B, C: Abrazos, Bondad y Cariño

https://lamenteesmaravillosa.com/cuerpo-necesita-vitaminas-b-c-abrazos-bondad-carino/

citas 286

Hay otro linaje de escépticos muchos más terribles, si cabe, que los que creen que todo es materia; todavía queda el caso de aquel escéptico para quien todo se reduce a su propio yo. Gilbert Keith Chesterton(1874-1936) Escritor británico

Sexta jornada

Memorias de un descarnado (21-29) Por Deéelij Posted: 12 Jul 2021 09:07 PM PDT 10.  El gran destructor.         “Más espanta el aparato de la muerte que la muerte misma”. Francis Bacon. Filósofo y estadista inglés. (1561-1626)          “No hay que tener miedo de la pobreza, ni del destierro, ni de la cárcel, ni de la muerte… de lo que hay que tener miedo es del propio miedo”. Epicteto. Filósofo grecolatino. (50 AC-135 AC)   Sexta jornada. 15:03 horas. Complejo aeronáutico de Nairda.      El amenizado almuerzo se extendió hasta las tres de la tarde. El pormenorizado relato, espontáneo, despreocupado, íntimo y extendido de Jano sobre los acontecimientos de la pasada noche, instaló en sus instructores la misma certeza que desprendían sus palabras. Pal apuntilló algunas notas breves que escapaban a la vehemencia y locuacidad expresiva de su interlocutor. Concretó detalles con pinceladas de humor restando algunos toques de severidad y seriedad a la exposición.      Fueron dos horas amenas e ilustrativas trascurridas con rapidez. Pitt, excelente escuchante, no perdió punta de cada elemento expresado. El alumno indicaba a todas luces una profunda confianza en sí mismo y en la enseñanza recibida. Había asumido cada uno de los seis pasos que le permitiría conquistar el resultado de su propósito vivencial. Hablaba de ellos con soltura y convicción, sabedor del poder adquirido, desarrollado y experimentado. Sus aseveraciones eran concluyentes. Los profundos y sólidos cimientos ponían de manifiesto la garantía perseguida: Jano no volvería a querer olvidar cómo participar con resolución en el juego de la existencia. No obstante, la experiencia había otorgado al Jefe de Instrucción la suficiente sabiduría y sensatez que impedía decretar como prueba válida y exclusiva, el portentoso discurso animado de un alumno al llegar a ese punto final. Todos debían someterse a una tesis dura, exigente, libre pero concluyente, que Jano pasaría sin excepción por el trámite que le pasaportaría al destino que quisiera confrontar.      –   ¿Podemos entonces graduar al alumno, Pal? – indagó Pitt al tiempo que ella se incorporaba ocultando algo entre sus manos tras la espalda.      –     Por mi parte doy por concluida la instrucción, aunque la última palabra la tienes tú. Lo que no quita que lo celebremos – concluyó exhibiendo una fría botella de champaña.     Con el estruendo del descorchar, que sólo se producía al concluir el curso de algún alumno, un aplauso generalizado acompañó al homenajeado marcando la tradición desconocida hasta el momento por Jano, quien contestó levantándose y agradeciendo, con gestos expresivos y cierto rubor, los vítores y las felicitaciones recibidas.     Tras la segunda copa del espumoso, el ex alumno percibió un pensamiento que al principio de su aterrizaje forzoso perduró insistente, y que con el curso de los días se diluyó sin pesar. Ahora, aquél se manifestaba en forma de duda.      –     Pitt – decía sin el entusiasmo mostrado hasta hacía unos momentos –. ¿Qué se supone que tengo que hacer ahora que la formación ha terminado?      Pitt y Pal rieron ante la típica cuestión que siempre era planteaba llegada las circunstancias. Nadie fallaba. Los sentimientos de no pertenecer al lugar donde estaba era la manifestación que descargaba la pregunta, al parecer, tan trascendental.      –    A eso contestaré en otro momento – pronunció cariñosamente el jefe –. Entiendo el impulso que ha movido esa cuestión. No dejes que eso te pueda hacer sentir triste. Todo llega en su momento – continuó reclamando su atención dispersa en sus sentimientos – Ahora tienes que realizar dos cosas: Una, y no por este orden, el proyecto que te encargué sobre Ís. Me apetece mucho verlo totalmente acondicionado y en perfecto estado para disponerlo como aeródromo alternativo de primer orden. Lo segundo, y lo realmente acuciante por decirlo de un modo plástico, es una demostración a modo de tesis final en base a la formación adquirida. Tendrás que realizar algo, lo que quieras, lo que desees o imagines, para verificar tu nueva realidad, todo ese poder del que te sientes seguro de poseer, utilizar y dominar. Tómate el tiempo que necesites, no hay prisas; pero tendrás que desafiar los límites que creas pueden contenerte haciendo algo que consideres que no eres capaz de sobrepasar o alcanzar. Desafíate aplicando las normas de vuelo. Si lo consigues, habrás atesorado el dominio absoluto sobre las mismas, o lo que es lo mismo, sobre ti. Ya no habrá dudas en su uso. Serás y harás cualquier propósito que te propongas.      La propuesta mostraba claramente que tendría que traspasar lo finito, romper ataduras, liberarse de cualquier posible ligazón. No tuvo que pensar en nada extraordinario. Desde que le mostraron el motor de quince mil libras que trasportaba el F-104, un desafío se estableció en su mente. La discusión con cualquier otro bosquejo se tornaba inaceptable. Este sí que era un proyecto que rompería todas las barreras que imaginó para sí.      –     Sé lo que quiero hacer Pitt ¿Tenemos algún Starfigther acondicionado con un motor que sea capaz de desarrollar treinta mil libras de empuje?      –    ¡Ufff, eso es apuntar alto! Pero si consideras que ello es posible, seguro que lo encontrarás.      –    ¿En qué hangar se aloja esa joya? – indagó con seguridad.      –   En el cuarenta y cuatro – contestó con su acostumbrada y amplia sonrisa ante su impetuosa certeza – Pal, ¿puedes acompañarle si no tienes clases que dar? Jano necesitará algunas instrucciones previas para manejar acertadamente ese cohete.      –     Por cierto, Jano – reclamaba Pitt al tiempo que la pareja iniciaba la partida – ¿Sabes qué es lo que en realidad permitió que pudieras entrar anoche en aquella tormenta, sondearla y salir de la misma sin el menor rasguño?              Quedó pensativo. La cuestión le apabulló. No supo qué responder. Sus ojos casi cerrados, y su frente apretada, demostraban el desconcierto que le sobrecogía.      –     Fue la verdad, Jano. La verdad.Fue la franqueza y honradez contigo mismo al resolver sinceramente, con tu interior, reconociendo que la tormenta no era el fruto de tus acciones. Fuiste sincero. Si te hubieras engañado en tus indagaciones, el resultado hubiese sido diametralmente distinto – decía erigiendo contundencia en su tono – Tenlo en cuenta, y postula tus acciones siempre desde la verdad en el Amor. Hazlo y no correrás riesgos. ¿De acuerdo?      –    Lo haré Pitt, lo haré. Gracias – concluyó al tiempo que el Jefe de instructores contemplaba la partida de un piloto meditativo tras sus palabras en pos de los pasos de Pal.      Sexta jornada. 17:01 horas. Espacio aéreo de Nairda. Estaba cayendo a gran velocidad, respirando lentamente el medio litro de oxigeno que le quedaba. Tendría que soportar el descenso hasta los diez mil pies con esa escasa cantidad de sustancia, de lo contrario se asfixiaría. A lo lejos comprobaba como su maravilloso Starfighter, sin control irremisible, derivaba inciertamente, contra un destino aplastante. Al tocar tierra se destrozaría. Una máquina tan bella destruida por su culpa. Atraído por la gravedad que provocaba una aceleración continua, pensó en el problema del paracaídas. ¿Aguantarían las cuerdas en la apertura? ¿Cómo respondería su cuerpo ante el frenado de la campana abriéndose a más de trescientos kilómetros por hora? En su trayectoria se encontraba una nube esponjosa. Primero parecía pequeña, pero a medida que avanzaba se hacía gigantesca. Casi sin previo aviso visual, sin que sus sentidos pudieran percatarse de la disminución en la distancia, su cuerpo penetró en aquel lecho extinguiéndose cualquier posible calibración visual. El pánico se apoderaba en esas circunstancias más aún de sí mismo. Sintió que no llegaba el elixir que le mantenía con vida. ¿Estaría taponada la mascarilla? Es posible que a esa altura su saliva se hubiese congelado en el interior del conducto impidiendo la transmisión correcta del oxígeno a sus pulmones. Se ahogaba. Soltó la máscara buscando que a esa altitud hubiera el suficiente elemento vital como para que le permitiera llevar vida a sus células agonizantes. No salía de la nube, debía ser enorme. No encontró en su aspiración la suficiente base elemental para su oxigenación. Aquello estaba concluyendo. Un solo error y pagaría de nuevo con su vida. ¿Por qué tendría que subir tan alto con el reactor? Sabía que no podría conseguirlo, pero su orgullo desmedido le impulso a realizar una bravata procurando llamar la atención de Pal; quería impresionarla demostrando todo lo aprendido. Y desde luego que lo había hecho con su estupidez. Más sería el espanto cuando recogieran lo que quedara de él al estamparse contra el suelo si no alcanzaba a respirar algo de oxígeno. Y si lo hacía, ¿qué? A posteriori estaría el problema del paracaídas. No estaba seguro de que funcionase. Quizá, a tal velocidad el correaje seccionaría sus piernas. ¡Qué estúpido! Parecía mentira, después de todo ese tiempo aprendiendo a volar, no había asimilado las cuestiones más básicas. Tendría que volver a empezar, posiblemente en otra dimensión, pero tendría que aprender a pensar, hablar y a caminar. Era lo que se merecía, por imbécil. Salía de la nube casi sin consciencia, pero agitándose queriendo, en ese gesto, encontrar algo conque poder respirar…      Décima jornada. 06:03 horas. Complejo aeronáutico de Nairda      Despertó. Percibía una cascada de achaques en su entumecido cuerpo. Descartó la posibilidad de algún movimiento; la prudencia aconsejaba quietud. Su entorno mostraba las señales evidentes de un recinto hospitalario: Dos sillas y un gran sillón junto a otra cama perfectamente hecha y limpia al igual que el resto de la habitación, ofrecían silencio y cierto vacío. Llevó con cuidado sus manos hasta el cuello, siempre, su principal obsesión. Lo movió sin encontrar dolor. Un reguero de tranquilidad amansó su inquietud. Palpó el resto de su constitución. El escrutinio concluyó con un escozor en la zona inguinal. Mover las extremidades inferiores fue posible con cierta sobredosis extrema y adicional de esfuerzo. Supuso que caminar o sostenerse sobre las mismas sería el único inconveniente.    Intentó recapitular los momentos anteriores a la pérdida de consciencia sin encontrar nada más que la oscuridad clara que muestra el interior de una nube. El resto del vuelo estaba grabado a la perfección: un vuelo fulminante y arriesgado, intrépido y desafiante, pero roto y truncado; la entrada en barrena plana; la incapacidad de restablecer el control del aparato; su salto de emergencia; un descenso en caída libre procurando no agotar el oxígeno de emergencia; la entrada en una nube… Ahí terminaban los archivos extraídos a la memoria. Cualquier otro registro era negado pese a su continuado repaso. Cómo habría llegado hasta esa cama, constituía una incógnita que acuciaba ser resuelta.        La certeza por saberse valedor de sus cualidades físicas, produjo el súbito esfuerzo de incorporarse. Logró sentarse. Los pies estaban desnudos, y uno a uno pudo desplazarlos hasta tocar el frío suelo gracias al agarre de sus manos; una vez erguido sus fuerzas no percibieron la imposibilidad de sostener su cuerpo con firmeza. Cayó.      Décimo cuarta jornada. 10:08 horas. Complejo aeronáutico de Nairda      Sentía un dolor penetrante en la cabeza. Palpó. Un vendaje le cubría la parte derecha. Abrió los ojos de par en par, asustado. Pal fue su primera visión sentada en el borde de la cama contigua.      –    No se te ocurra volver a levantarte –, ordenó con premura, incorporándose para impedir la acción preventiva y dispuesta del enfermo. Te has podido hacer más daño al caer a un metro del suelo, que lo que mostraba tu cuerpo cuando te recogimos después de un salto a más de catorce mil pies.      –     ¿Qué ha pasado Pal? ¿Por qué estoy aquí? – indagó quejumbrosamente al tiempo que ella le ayudaba a volver a su posición de tumbado acompañando el movimiento con gestos agradables, suaves, cariñosos.      –      No te pre-ocupes, ya te lo contaré. Ahora debes descansar. Al menos tienes para tres días según el médico. Descansa. Estás muy fatigado. El salto, y éste incidente, te han mermado momentáneamente; pero saldrás de esto. Tenlo por seguro.      –   Pal, dime qué ocurrió, por favor; no recuerdo nada. Estoy algo confuso – dijo verazmente, pues en ese instante su memoria no contenía recuerdos explicativos para tal situación.      La que había dejado de ser su instructora, al concluir el aprendizaje, explicó con detalles los sucesos. Contó cómo pretendió, con el Starfighter, ascender por encima del nivel máximo de la atmósfera del mundo que le albergaba: Llegó a rozar los cuatrocientos mil pies; el límite estaba a los quinientos mil, pero el motor paró por falta de aire para la combustión. Los registros fueron anotados desde tierra gracias al transmisor que el avión tenía incorporado. Su vuelo fue seguido con atención, dada las características del mismo. Era la prueba final de todo alumno tras el aprendizaje, justo el momento en que todos los sentidos de sus instructores se agudizaban con mayor expectación. Pasar o quedarse anclado en ella, suponía el reto final. Superada, el alumno era nombrado definitivamente apto para el vuelo, su formación había concluido satisfactoriamente. Pero Jano sucumbió, no perdió. No pudo traspasar la meta propuesta. Una parada del motor fulminante con entrada en barrena plana, era prácticamente imposible de recuperar en circunstancias tan notorias como aquellas. Después, el salto desesperado y un descenso sin apertura hasta los diez mil. Posteriormente, una caída amortiguada por el paracaídas hasta su impacto contra el suelo, donde lo encontraron inconsciente. Del avión… ni rastro. Desapareció de la pantalla del radar a poco menos de cuatro mil pies del terreno, justo al mismo instante en que su paracaídas se abría gracias al dispositivo automático que llevaba incorporado.      Pitt, aún, andaba desconcertado por el hecho, nunca antes un aparato había desaparecido; además era un prototipo excepcional. Dieron batidas terrestres y aéreas en buscas de los restos, infructuosamente. Incluso seguían haciéndolo después de una semana, los recién estrenados instructores de vuelo, aquellos que Pal acababa de formar. El optimismo por localizar el lugar del impacto disminuía a medida que pasaban los días.        –     ¿Una semana llevo inconsciente?  – indagó asombrado.      Pal lo confirmó con un gesto sin añadir que era algo más y prosiguió con el relato de los hechos. Jano había sido localizado gracias al trasmisor que el kit de supervivencia llevaba incorporado en el equipo de vuelo. Estaba en medio de un vado, cubierto de agua de cintura para abajo. Pudo ahogarse si no hubiese sido porque su paracaídas se enganchó en unas rocas cercanas al riachuelo. De lo contrario, podría haber sido arrastrado por la corriente y engullido por la misma.       Hubiera resultado curioso un nuevo perecer por ahogo tras un salto desde tan impresionante altura. Ante estas consideraciones, el desvalido esgrimió su primera sonrisa a duras penas. Las fuerzas eran ínfimas. Notaba un agotamiento inmensamente superior al experimentado al de su llegada a Nairda. No podía entenderlo. Pero para ello tenía a Pal, que sumisa y candorosa cedió a describir el porqué de su estado.      Fue debido a la acción de frenado en la apertura del paracaídas. Él debió caer con una aceleración excesiva. Posiblemente perdió el conocimiento, en el momento de la apertura. Los arneses de los anclajes se ciñeron contra su zona inguinal provocando un desgarro en la piel y derrames superficiales como consecuencia. Toda su musculatura en la zona pélvica y glútea, estaba afectada, lógicamente, al soportar un frenado tan brutal. Posteriormente los anclajes de la zona pulmonar debieron afectar al riego sanguíneo y a la correcta respiración, además del frio en aquellas alturas. Cuando los servicios sanitarios lo rescataron tenía las constantes muy bajas, y tuvo que recibir masaje cardíaco. Permaneció asistido de oxigeno con una mascarilla hasta la llegada a Nairda a bordo de un helicóptero Huey UH-1. Las primeras cuarenta y ocho horas fueron críticas; luego las constantes se estabilizaron. Al cuarto día, y tras una pausa sin atención de media hora, pues se le vigilaba continuamente, se le encontró en el suelo algo ensangrentado, con una contusión en la parte occipital derecha, declaró el doctor al evaluar una radiografía que no mostraba daños internos, sino sólo una pequeña cicatriz sangrante; no obstante, recomendó descanso y observación durante otras cuarenta y ocho horas. Tras ello, todo su organismo parecía responder adecuadamente; quedaba recuperar fuerzas y ánimos. Concluida la exposición de los hechos, Jano se mantenía desconcertado, aturdido y apesadumbrado. El lamentable descalabro incidía en su orgullo con mayor proporción que las quejas ofrecidas por su cuerpo, añadiendo al mismo otro gran pesar: no sólo el destrozo del avión, sino al parecer, su desaparición.      –    Pal – masculló Jano levemente –, en realidad, ¿qué es lo que ha pasado? Presiento que hay un gran trasfondo que no percibo.      –     Es fácil describirlo. Tendrás que afrontar que en realidad esto es tu escollo, el tan traído problema por el cual llegaste. Se deduce porque, si una vez que finalizaste tu instrucción con buenas calificaciones no superaste el vuelo post graduado, la evidencia es manifiesta. No pudiste concluir el vuelo, por tanto, has tropezado con tu gran conflicto – Pal le paró con una indicación de sus manos; sabía lo que iba a preguntar –. ¿Qué cuál es tu escollo? Sencillo. Pienso que tú, mejor que nadie, debes saberlo. Examina los momentos del vuelo que puedas recordar, seguro que alcanzarás a encontrar las circunstancias que condujeron al desenlace en el que te encuentras – dijo pausadamente –. Tómate tu tiempo, que lo tienes. Al menos tres días más debes permanecer en reposo. Podremos acotarlo, examinarlo, solventar, paliar y enderezar; de esa manera, juntos, te ayudaremos a superar las dificultades que desfilen y te anclen. ¿Te parece?      –   Como veas… pero necesito descansar, quiero dormir. ¿Estarás aquí cuando despierte?      –   Dalo por hecho Piloto. No te voy a dejar ni a sol ni a sombra hasta que termines de despegar y sepas volar sin alas – respondió, con primor, estampando un beso en su frente.           Los párpados cayeron inmediatamente. Estaba exhausto. Posdata: En el artículo del día 1 de diciembre (Rojo octubre, peligroso noviembre y brillante diciembre. III Parte) comuniqué que personalmente había recibido por psicografía una serie de técnicas y procesos para aplicar en psicoterapia, que solucionaba el 80% de los problemas psicológicos del ser humano. La explicación resumida de esta psicoterapia es que elimina el ego, te reconecta con tu alma (conecta la Particularidad con la Singularidad) y tienes control emocional, siendo feliz en tu vida actual; al mismo tiempo dije que lo había transferido a dos Almitas maravillosas (psicólogas) que os los podía ofrecer mediante terapia, obvio que, con remuneración, pues es su trabajo, y que además ellas lo harán, pues mis tiempos están contados, para seguir en esa labor. No se trata de dar una formación, sino de recibir terapia para quien lo necesite. Durante un tiempo os habéis puesto en contacto conmigo para luego realizar el contacto con ellas (Rosario y Yesenia), pero ahora ya podéis hacerlo de forma directa mediante su correo profesional:  terapia.psico2@gmail.com También podéis visitar su Web: http://www.psico2-internacional.es   Para las actualizaciones de Todo Deéelij y preguntas sencillas: deeelij@gmail.com =================el cielo en la tierra==============================

No corras detrás de alguien que ya sabe dónde estás y te muestra indiferencia

No corras detrás de alguien que ya sabe dónde estás y te muestra indiferencia – Mejor con Salud

El espejo que limitaba las visitas

El espejo que limitaba las visitas Posted: 14 Jul 2021 09:08 PM PDT Suele ser habitual colocar un espejo en la entrada de la vivienda para poder vernos y comprobar nuestra imagen antes de salir de casa. Pero, en ocasiones, la colocación de este espejo puede dificultar la entrada de energía. Este es el caso de una familia que contactó conmigo para estudiar su vivienda en general. Habían decidido realizar una reforma integral y, aunque ya tenían clara la idea, querían que revisara las decisiones que habían tomado para asegurarse de que todo fluiría bien tras las obras. Comprobé los planos y vi que, salvo algunos colores y la orientación de la cama de matrimonio, todo estaba en orden. Los colores los podían modificar y encontramos una buena orientación para la cama. Sin embargo, había otro punto que llamó mi atención; la colocación del espejo del recibidor frente a la puerta de entrada. En aquel momento ya estaba así y tras la reforma vi que consideraban mantenerlo. Les pregunté por la calidad de su descanso, por la calidad de sus conversaciones y por la calidad de sus reflexiones. A las tres preguntas respondieron con un gesto que indicaba un nivel regular. Les hice una cuarta pregunta: ¿Os gusta recibir visitas en casa? En esta respuesta surgió un contundente: no. Cuando un espejo se coloca frente a una puerta de entrada, refleja la energía que entra por ésta e impide que una buena parte recorra el hogar, pudiendo llegar, con ello, a sentir una falta de vitalidad general en varios aspectos de la vida. Además, el espejo en esa localización, transmite inconscientemente el rechazo o barrera a la recepción de energía. Indagué con prudencia en dicha barrera interna y me encontré con que el marido percibe, desde años, que las personas recurren a él por interés y siempre buscan aprovecharse de su bondad. Traté, con suavidad, de explicarle que cuando uno se pone una barrera, también impide que llegue el amor y el afecto. El hombre, más sensible de lo que mostraba externamente, lo comprendió y decidió, tras reflexionarlo, cambiar la posición del espejo y la decoración del recibidor.  Al poco tiempo, incluso antes de comenzar la reforma, me contó sobre un acercamiento de su padre que le estaba favoreciendo y ayudando a disfrutar más, de varios aspectos de su vida. Todo nace en tu interior. ================================================================================ Autor: Andrés Tarazona (andres@andrestarazona.com) https://andrestarazona.com/ Todos los jueves, desde el 7 de noviembre de 2019, Andrés comparte en este blog una serie de publicaciones centradas en el Diseño Sentido: interiorismo y diseño consciente de viviendas, comercios y empresas que mejoran la calidad de vida. Todas están a tu disposición de manera gratuita a traves del e-book Habitar, al que puedes acceder a través de este enlace: https://bit.ly/Habitar-PDF ===============================el cielo en la tierra=================================================

Cómo pensamos, decidimos y aprendemos. Mariano Sigman, neurocientífico

Deja de hacer lo que te quita energía | Sadhguru

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